
Algo que me gusta acerca de la ciencia y la tecnología, es que puede darle a algo que parecía inservible un uso muy valioso.
David Chaves, biotecnólogo de la Universidad Nacional, descubrió tras un año y medio de estudio que podía purificar el agua utilizada en una lechería de la provincia de heredia creando humedales artificiales, de una manera muy económica.
La limpieza de los corrales de una lechería puede requerir hasta 15.000 litros de agua, un líquido que normalmente se desperdicia; causando graves daños al aire (ufff!! Que olor!!!) y al suelo, por las emanaciones de metano por la fermentación de los líquidos.
Para crear el humedal, se selecciona y se impermeabiliza –con plástico tradicional– una zona plana que luego se inunda con agua residual. Allí se pueden sembrar lirios o calas. Doce días después, el agua ha sido purificada y puede ser reintegrada a ríos o lagos sin causar daño alguno.
Además, mientras cumple el proceso de purificación, el agua puede ser usada para el cultivo de plantas ornamentales; lo que les genera a los productores de leche un ingreso extra y le añade belleza natural a sus lugares de trabajo.
Genial, ¿no? Y hecho en Tiquicia!!! Ja, ja, ja!!!

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